Lo correcto rara vez es cómodo.
En la vida, y especialmente en el día a día de los profesionales y directivos, una de las decisiones más difíciles no es qué hacer. Es qué dejar de hacer.
Y muchas veces no elegimos lo mejor para nuestro negocio, sino para nosotros mismos.
La pereza, el miedo a equivocarse, el hábito o también el peligro de exponer la propia incompetencia son algunas de las excusas que se alegan para elegir no lo más conveniente, sino lo más sencillo, económico y seguro; y especialmente lo menos traumático.
Esto ya es por sí mismo dañino para la empresa, pero cuando se decide sobre algo de especial trascendencia, resulta demoledor. En estas situaciones es cuando de verdad aparecen los auténticos profesionales, aquellos que están dispuestos a elegir lo mejor para el futuro de la organización y de sus personas, incluso aceptando un gran sacrificio.
La buena noticia es que todos podemos actuar así, haciendo lo correcto, si enfocamos bien el problema. Siempre es mucho más doloroso renunciar a lo que es necesario, que hacer lo correcto.









