La reputación gana.
Las empresas han estado años dedicando ingentes recursos para tener la máxima visibilidad en el mercado.
Ya sea online o en espacios físicos, alzar la cabeza sobre los competidores parecía ser sinónimo de relevancia. Sin embargo, lo que es relevante para los clientes no suele decidirlo una publicidad masiva ni el mejor SEO. Ni mucho menos el algoritmo de Google.
Los clientes tienen su propia opinión de las marcas. Por mucho que digas «aquí estoy», «soy el mejor», lo que de verdad les importa es la imagen y la consideración que tengan de ti por lo que hayan leído, visto u oído a lo largo del tiempo.
En definitiva, te tendrán en cuenta si eres importante para ellos, si te ven como experto en tu ámbito y si eres creíble. Eso es lo que van a valorar, tu reputación.
Ha tenido que llegar la IA a los buscadores en internet para darnos cuenta de lo que realmente importa cuando alguien favorece a una marca en vez de a otras.









